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 | Por Lorianne Aubut, Para el Catholic Herald

La estatua de la Virgen de Guadalupe trajo esperanza y ‘chispa’ a Madison

El pasado lunes, 6 de abril de 2026, la Diócesis de Madison recibió la estatua gigante de la Virgen de Guadalupe, conocida como la Madre Peregrina.

La estatua llegó ese lunes para ser montada, pero se hizo pública el martes, 7 de abril con una Misa de Apertura celebrada por el Obispo Donald J. Hying de Madison y varios sacerdotes locales.

La misma estuvo disponible para ser visitada y venerada hasta el martes, 14 de abril en la Iglesia San José de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe en Madison.

En la noche inicial y durante toda la semana de la visita de la estatua el párroco Padre Drew Olson, junto a sus sacerdotes vicarios, su personal parroquial, sus líderes parroquiales y algunos en el personal diocesano, coordinó varias presentaciones en español y en inglés sobre la estatua y sobre la aparición guadalupana, más la Misa de Apertura y otras Misas en la noche, la experiencia de veneración y mariachis que cantaban cánticos a la Virgen mientras cientos de fieles la primera noche y miles en total durante la semana caminaban y peregrinaban de imagen a imagen para hacer sus peticiones a San Juan Diego y a la Virgen María.

Durante la experiencia de peregrinación y veneración los fieles caminaban los espacios indicados dentro de la iglesia, muchos de los inmigrantes con lágrimas en sus rostros, otros con una profunda paz, y otros con alegría y respeto puro mientras presentaban sus flores a la Virgen y entregaban sus cintas/listones blancos con sus peticiones escritas.

Al final de cada noche, las personas compartieron en comunidad con comida y refrigerios que los voluntarios de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe coordinaron con ayuda de muchas otras manos.

El evento inicial fue como ningún otro y cada noche fue como ninguna otra.

Además de las Misas, presentaciones y experiencias nocturnas, durante el día también se ofrecieron varias Misas y experiencias en las cuales más de seis escuelas católicas diocesanas participaron.

Este encuentro especial entre la feligresía, mayormente hispana, y la imagen de la Virgen de Guadalupe, inspiró esperanza, amor, paz, y alegría a toda la comunidad inmigrante y bicultural.

Adicionalmente, entre los voluntarios, el personal de la parroquia y todos los que formaron parte de esta experiencia única existía una “chispa” muy característica de la parroquia, una “chispa” que existe en todos los esfuerzos evangelizadores que ellos coordinan.

Esta chispa también se notó en el corazón del Padre Tim Oudenhoven, quien ha estado viajando con la estatua por los últimos meses y quien dio varias charlas durante la semana tanto en español como en inglés.

Realmente el amor hacia Dios y hacia María se sintió en cada momento dentro de las Misas, de las oraciones escritas y verbales, dentro de las conversaciones en comunidad, dentro del equipo de planificación y en toda la Iglesia San José.

Y es por eso, que hoy continuemos diciendo que ¡viva San Juan Diego!, que ¡viva la Virgen!, y que ¡Viva Cristo Resucitado!