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Difundiendo la verdad del Papado Print E-mail
Artículos en Español
Wednesday, Mar. 20, 2013 -- 12:00 AM

Queridos amigos:

Estamos justo en medio del Año de la Fe y a punto de emprender lo que el Beato Juan Pablo Magno y el Papa Emérito Benedicto han alentado que hagamos, es decir, la “Nueva Evangelización”. Y no sólo eso, sino que nos encontramos en la era de un nuevo Papa. Mientras escribo esta columna, el Cónclave aún debe empezar, pero al momento en que la lean, es posible que ya tengamos un nuevo Papa.

A diferencia de las noticias en los medios (considerando su interés en el escándalo) una de las cosas claves en que los Cardenales en el Cónclave se concentrarán o en que se han concentrado, por inspiración del Espíritu Santo, es la elección de un Papa que seguirá en la realización de esa Nueva Evangelización.

De hecho, ha habido y hay gente pecadora en la Iglesia, y de hecho hay pecaminosidad “desde abajo hasta lo más alto” porque hay pecadores en todos los ámbitos de la Iglesia aquí en la tierra, pero nuestro primer pecado es y ha sido siempre alejarnos de Dios y de lo que Él nos llama. Volver a Dios es precisamente de lo que se trata la Nueva Evangelización y allí es donde cualquier reforma de la Iglesia tiene que empezar. Todo hombre, mujer y niño en la Iglesia – desde el Papa hasta el último – tiene que ser llamado nuevamente a encontrarse con la persona auténtica de Jesucristo de modo que transforme la vida y debe ser cambiado por Él. Toca ser sacudidos de la somnolencia que golpea a Pedro y los Apóstoles en el huerto de Getsemaní y que nos acecha cada vez que puede. Por medio de su Vicario, Cristo tiene que volver a nosotros, una y otra vez, para decirnos “¡Levántense… recen… la hora está cerca!”(ver Mt 26:36-46, y ss).

Y así nosotros tenemos (tendremos) un nuevo Papa, un nuevo sucesor de San Pedro, que como sus predecesores tiene el deber de vigilar y liderar la Iglesia, del modo en que Pedro lo hubiera encargado. Y el mundo entero ha sido y está llamado otra vez a ser “evangelizadores”, por parte de los sucesores de Pedro y los Apóstoles, y ese trabajo debe comenzar ahora mismo. Una gran forma de fortalecer la fe del mundo a nuestro alrededor y de la Iglesia en este momento es tomar ventaja del hecho de que el Sucesor de Pedro está al centro de las noticias ahora mismo y que la gente es curiosa. Una de las verdades más importantes de Jesucristo que necesita difundirse actualmente es la verdad sobre el Papado, sobre el Papa.

¿Qué significa ser Papa?

Jesucristo fue active en su ministerio público durante tres años Sufrió y murió por nosotros, resucitó de entre los muertos, redimió al mundo y luego envió a su Santo Espíritu para dar a luz a su Cuerpo, la Iglesia. Mientras Jesús caminó por la faz de la tierra, sus propias ideas básicas por su Iglesia se difundieron: uno de los grandes momento fue cuando eligió a uno de los Doce y dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno jamás prevalecerán sobre ella. Te daré las llaves del Cielo a ti (Pedro). Lo que ates en la tierra será atado en el Cielo y lo que desates en la tierra será desatado en el Cielo (Mt 16:18-19)”. Desde este momento Jesús comenzó su plan para Su Iglesia. Luego le dijo a todos los Apóstoles que tendrían la potestad “para atar y desatar (Mt 18:18)” y “para perdonar los pecados por el poder del Espíritu Santo (Jn 20:23)” pero hay una misión específica y poderes específicos que le dio a Pedro como “roca” de Su Iglesia.

Jesús es la cabeza invisible de su Cuerpo, la Iglesia, pero gobierna la Iglesia directamente, a través del Espíritu Santo y a través de la cabeza visible de la Iglesia, el Obispo de Roma, el Papa: que es el directo sucesor de San Pedro. Estas son cosas que tenemos que entender y explicar. Pedro fue el primer Obispo de Roma y por ello fue el primer Papa de toda la Iglesia. Pedro recibió de Cristo el “poder de las llaves” que ya hemos mencionado que significa que Pedro recibió de Cristo un don especial para él, para el bien de la Iglesia: dones que no fueron dados a otros apóstoles.

Entonces Pedro tiene esos dones especiales para enseñar lo que es verdad y enseñar lo que es bueno de modo que une a todos los demás Apóstoles y así a toda la demás gente. Y Pedro y su siguiente sucesor, nuestro siguiente Papa, tiene dones especiales para actuar como una medida de la fe de la Iglesia. Él es aquel cuya responsabilidad primaria es preservar y conservar la Verdad de nuestra fe. Cuando hay algún asunto volvemos a Pedro, y esa es la forma en que hemos avanzado desde los primeros días de los Apóstoles.

Creemos en la Iglesia

En la Misa de cada domingo, profesamos nuestra fe diciendo “creo en el Espíritu Santo… creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica”. Cuando digo que creo que la Iglesia es Apostólica, significa que creo que Cristo ha edificado la Iglesia de modo que el Papa es el sucesor director de San Pedro y que los obispos son los sucesores de los Apóstoles. Cuando decimos el Credo –esa profesión de fe básica– eso es lo que queremos decir como católicos. No es algo arbitrario sino que es fundacional.

Muchos de nuestros hermanos y hermanas (y son nuestros amados hermanos y hermanas) en la Iglesia de hoy no entienden eso. Y, en el nombre del Espíritu Santo, quiero recordarles eso hoy para que me ayuden a recordarles –y alcanzar a nuestros hermanos y hermanas– esta realidad de la naturaleza apostólica de la Iglesia.

Los medios de comunicación masivos enseñan otra clase de catolicismo y este es el tipo de “catolicismo” que se queda en la mente de las personas. En esa versión del “catolicismo” uno tiene una opinión del Papa (que es una especie de presidente corporativo), luego una opinión sobre los obispos individualmente (que son una especie de gerentes regionales), una opinión de ciertos grupos de sacerdotes, una opinión de ciertos grupos de religiosas, sobre ciertos teólogos e incluso una opinión sobre los grupos que defienden posturas contrarias a la Iglesia, de los que se puede escoger la opinión que uno quiera (o formular la propia para ese asunto) para finalmente anunciar la opinión que sea como la decisión de una “conciencia”: malformada por todos los otros “grupos de opinión”. Los medios y ciertos teólogos nos han dicho que todas esas opiniones pueden ser usadas para decidir asuntos religiosos y que son tan buenas como la opinión del Papa.

Esa versión del “catolicismo” puede estar difundida, pero ciertamente no la difunde el Espíritu Santo. Esa versión de “catolicismo” no cree en las palabras de Jesús a San Pedro y a los Apóstoles y no cree que el Papa y los obispos sean los sucesores de San Pedro y los Apóstoles. Esto deja a mucha, mucha gente sin el concepto de lo que significa ser el Papa o ser un obispo.

Ofrecer la Verdad

Y este es precisamente el lugar en el que estamos llamados a avanzar con la Nueva Evangelización. Cada uno de nosotros está llamado a ser un evangelizador y es tarea de cada uno ofrecer las Verdades de la Fe, incluyendo la buena nueva a nuestros hermanos y hermanas sobre el hecho de que el Papa es la medida de la fe de la Iglesia Católica y que cuando el Papa enseña algunas cosas sobre fe y moral estas son verdad, no importa si cierto grupo aquí o allá tiene una opinión distinta. Ellos no tienen los dones de Pedro, que es el guardián de los misterios de Dios.

Ustedes tienes que ser los que lleven a la gente a la verdad de que ningún Papa puede cambiar la enseñanza de la Iglesia sobre el aborto o el “matrimonio del mismo sexo” o los anticonceptivos, o sobre la protección de la libertad de conciencia, o la eutanasia, o la ordenación de mujeres, y así con muchos otros temas. Es el deber del sucesor de Pedro preservar la fe y así él no tiene la autoridad para cambiar la Verdad en esos asuntos que han sido definidos por la Iglesia.

Escuchamos muchas opiniones, incluso de católicos, sobre el tipo de Papa que la gente quiere, y muchos quieren un Papa que esté más en línea con sus opiniones y que cambie cosas que con inmutables. El Papa, quien quiera que sea, no tiene la autoridad para cambiar las cosas que están definidas. Es así de simple.

Tenemos que responder a las noticias de modo muy amable como sea posible para quienes tienen otra idea. El ministerio de ustedes de llevar la verdad de Cristo y Su Iglesia al mundo es más importante que nunca. La Nueva Evangelización significa que confesamos con nuestra boca y creemos en nuestro corazón la Verdad de la Fe. Los fieles católicos son grandes para creer en sus corazones, pero cuando toca la confesión de boca, tendemos a pensar “bueno, no hacemos eso, los protestantes sí”. Tenemos que hacerlo: especialmente mis hermanos sacerdotes y yo.

Tenemos que asumir la Nueva Evangelización y necesitamos recordar que nunca podemos ser, en nuestra fe, como el hijo mayor de la lectura del domingo pasado sobre el hijo pródigo. Recuerden que el hijo mayor se quedó en la casa del padre y sirvió durante años de años mientras su hermano se fue lejos. Pero no fue hasta que el padre acogió al hijo alejado que pudimos cuán triste y amargado se había vuelto el primero. Aunque compartía toda la maravillosa fortuna que el padre tenía, el hijo mayor no vivía en ella con amor o alegría. Tratemos de permanecer en la casa del Padre y salgamos e invitemos a nuestros hermanos y hermanas a la casa, con alegría y con amor.

Ahora, sin duda, estamos en un tiempo muy desafiante. Hay muchas cosas que tenemos por hacer en términos de ofrecer la Verdad, en amor, a nuestros hermanos y hermanas. Entonces ahora mucho depende de la voluntad de ustedes, de su capacidad, de hablar fuerte y claramente sobre la verdad de nuestra fe: especialmente en estos días cuando la gente hace tantas preguntas. Todo se cuestiona y mucho se dice sobre el Papa y la Iglesia, entonces ¿qué mejor Verdad que sostener que el hecho que Jesús prometió directamente a Pedro que Él no abandonaría a su Iglesia? Recordemos que podremos guiar y enseñar a la gente que necesita escuchar la Verdad y a tantos que hacen preguntas en este preciso momento. Y demos la bienvenida a nuestro nuevo Papa como el “ex Papa” Benedicto prometió hacer, con una fe intachable y con amorosa reverencia y obediencia.

Gracias por darse el tiempo de leer esto. Que Dios los bendiga. ¡Alabado sea Jesucristo! ¡Larga vida al Papa!

 
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