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Afrontando el desafío de aprender tu fe Print E-mail
Artículos en Español
Thursday, Sep. 13, 2012 -- 12:00 AM

Queridos amigos:

La semana del Día del Trabajo ya llegó y ya terminó, las escuelas en todos lados están comenzando a “todo vapor” y por eso es importante que recordemos rezar por todos nuestros estudiantes. También es una buena época para que los padres católicos recuerden aplicarse en la educación y formación en la fe de sus hijos, ¡y que todos nosotros los apoyemos! Es una gran tarea, pero es una que dará frutos para la eternidad.

La próxima semana tender la bendición de celebrar dos Misas con estudiantes: una con alumnos de la UW-Madison y otra en la que estarán alumnos de todas las escuelas católicas de nuestra diócesis. No puedo esperar a estar con todos estos jóvenes llenos de energía. La edición del Catholic Herald de la próxima semana también se concentrará en los 32 hombres que llamo “mis hijos” de manera particular. En recientes semanas también he visto a la mayoría de los seminaristas volviendo a clases. ¡Y ciertamente me identifico con aquellos padres que extrañan a sus hijos porque, como estudiantes, están de nuevo en los dormitorios universitarios!

Es oportuno que me haya encontrado esta semana con una carta pastoral del Cardenal Donald Wuerl, Arzobispo de Washington, escrita a sus seminaristas volviendo a sus estudios. La carta, titulada Fides Quaerens Intellectum: La fe buscando entendimiento en la vida del seminaristas, puede encontrarse en el sitio web de nuestra diócesis: www.madisondiocese.org

También planeo enviar una copia de ella no sólo a nuestros seminaristas, sino también a nuestros sacerdotes y otros líderes parroquiales. Y creo que vale mucho la pena leerla si alguno está interesado en realmente aprender la fe. Primero, la máxima de “la fe buscando el entendimiento” debe ser un punto de partida desde el que debemos buscar conocer más de la fe que se nos ha dado a través de la Iglesia. De ese modo las palabras del Cardenal nos deben sonar a verdad para cada uno de nosotros.

En segundo lugar, Su Eminencia llega hasta el corazón de algunos de los desafíos que enfrentan nuestros seminaristas y los sacerdotes hoy, derivados no sólo de las diferencias en la cultura secular, sino también desde algunas generaciones que han sido formadas en los que nuestro Santo Padre ha llamado una hermenéutica de la ruptura.

El Cardenal Wuerl desafía a sus seminaristas, en vistas a su ordenación, a ser una “voz de invitación” para los muchos que no conocen las verdaderas enseñanzas de la Iglesia. Este actuar como “voz de invitación” es algo en que también cada hombre y mujer católicos debe involucrarse, mientras asumimos la nueva evangelización: pero primero necesitamos ser conscientes del problema.

Tercero, la carta proporciona una mirada sobre cómo los seminaristas deben entender su formación en preparación para la ordenación y, así, cómo todos nosotros debemos entender el papel del sacerdote en la Iglesia. Su Eminencia hábilmente se refiere al llamado universal a la santidad de todos los creyentes, pero también habla sobre los factores que distinguen la vocación sacerdotal y la forma en la que el Espíritu divide el trabajo en la Iglesia. Él también analiza varios importantes documentos para entender la formación sacerdotal y los cuatro pilares que la sostienen: formación humana, formación espiritual, formación intelectual y formación pastoral. Él explica por qué, en esta carta, se concentra especialmente en la formación intelectual.

Ofrezco algunas citas aquí, pero nuevamente los exhorto a leer la carta en su integridad:

En esta carta, he subrayado cuán importante es su formación intelectual y su preparación académica, precisamente en términos de su autenticidad a través de su conexión con la oficina de enseñanza de la Iglesia. Sólo las ramas unidas a la vid pueden dar buen fruto.

Enfrentan esta tarea hoy en el contexto de la más reciente afirmación de algunos teólogos sobre que hay en realidad dos enseñanzas en la Iglesia: una de los obispos y otra de los teólogos. Esta ya largamente desacreditada teoría de los dos Magisterios ha resurgido hoy de una nueva forma. Hay teólogos escritores que presentan enseñanzas contradictoras a la del Magisterio de la Iglesia, pero que justifican sus escritos sobre la base de que es el Papa y los obispos quienes no entienden la naturaleza de la teología. En esta perspectiva algunos escritores presentan posiciones que claramente contradicen la fe como es expresada por los obispos como sucesores de los Apóstoles que tienen la responsabilidad, no sólo de presentar la fe y velar por la enseñanza, sino de corregir cuando la fe es incorrectamente presentada…

Hay también una razón pastoral para su iniciación en la apreciación de la enseñanza recibida de la Iglesia. Ustedes, Dios mediante a través de su ordenación, enseñarán a muchos que han sido, desafortunadamente, instruidos en la experiencia de sus colegios/universidades a aceptar lo que puede ser descrito como enseñanza/teología católica dentro de la “hermenéutica de la discontinuidad”.

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Esencialmente la discontinuidad es un lente defectuoso a través del cual se aprecia la enseñanza católica. Esta perspectiva tiende a aceptar como punto de inicio una ruptura entre la enseñanza de la Iglesia anterior al Concilio Vaticano II y cualquier cosa posterior a este Concilio. Nuestro Santo Padre ha señalado los destructivos y dañinos aspectos de la aceptación de la discontinuidad en la vida de la Iglesia. Enseñanzas que nunca fueron aceptadas como parte del Evangelio de Cristo son anunciadas ahora como nuevas enseñanzas en el “espíritu” del Concilio. Él también ha resaltado que la hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura “frecuentemente se ha rendido a la simpatía de los medios de comunicación masivos y la tendencia de la teología moderna”.

Esta mentalidad que evalúa la enseñanza de la Iglesia a través de la perspectiva de la discontinuidad ha empañado las facultades de enseñanza de una serie de escuelas católicas. Así, hay muchos que no conocen bien la tradición intelectual de la Iglesia y las razones para su enseñanza, especialmente la enseñanza moral y de justicia social. Para ellos ustedes necesitan ser una voz de invitación, volviendo a proponer a Cristo, su Iglesia y su enseñanza.

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Mientras prosiguen sus estudios pueden estar seguros de varias cosas: el Papa y los obispos que trabajan más cercanamente con él y los obispos alrededor del mundo en comunión con él y la tradición apostólica no son ignorantes de la teología o en qué consiste. Esta acusación se hace totalmente insostenible cuando es dirigida al Papa Benedicto XVI sobre quien serios teólogos, ambos dentro y fuera de los ámbitos de la fe, reconocen que es un teólogo superlativo de nuestro tiempo.

La afirmación de que el Papa y los obispos no entienden la naturaleza de la teología de hecho no niega el papel auténtico de los obispos y su misión de autoridad para declarar que está y que no está en conformidad con la fe de la Iglesia.

Otra afirmación de la que deben estar conscientes y considerar es el alegato de que de algún modo, la teología existe en un ambiente separado de la tarea de anunciar la fe. La Iglesia siempre ha entendido la teología como fides quaerens intellectum. Hoy cuando escuchen que la teología está desconectada, incluso que es contradictoria al anuncio de la tradición recibida, sepan que han entrado a un área que tiene su fuente de inspiración en cualquier cosa distinta a la fe y a la tradición apostólica de la Iglesia Católica.

Es necesario no sucumbir a la confusión de cualquiera de las cosas que se presenta hoy por parte de algunos escritores, organizaciones e instituciones en lo que cada vez más se llama “la otra Iglesia”. Estamos todos conscientes del esfuerzo de algunos de desacreditar la oficina de enseñanza de los obispos, del esfuerzo de minimizar su rol de liderazgo en la Iglesia y de sustituirlo con la voz de algunos que alegan que debe establecerse un orden y una enseñanza en la Iglesia totalmente nuevos. Ellos etiquetan sus posiciones con el nombre de “católicas” y anuncian sus enseñanzas alternativas en publicaciones, algunas de las cuales son auspiciadas por grupos católicos. Estos que proponen “la otra Iglesia” usualmente sostienen ideas que son muy populares en el mundo secular como el aborto, la esterilización, los matrimonios del mismo sexo y todo tipo de actividad sexual fuera del matrimonio. Es fácil ver por qué rápidamente ganan un seguimiento popular. La enseñanza de “la otra Iglesia” sostiene que puedes actuar prácticamente de cualquier forma y al mismo tiempo alegar que se es un buen católico practicante.

Como pueden ver, he usado bastante tinta aquí, y eso que sólo he citado partes de la excelente carta pastoral del Cardenal Wuerl. Gracias por tomarse el tiempo de leer esta columna y de buscar la carta complete para leerla en línea. ¡Que Dios bendiga a cada uno de ustedes! ¡Alabado sea Jesucristo!

 
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