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Obispo recuerda a ancianos que cumplen bodas de oro: El Matrimonio se trata de misericordia y perdón. Print E-mail
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Friday, Aug. 30, 2013 -- 9:04 AM


Esta columna es la comunicación del Obispo con los fieles de la Diócesis de Madison. Cualquier circulación más amplia va más allá de la intención del Obispo.

Queridos amigos:

El domingo 19 de agosto tuve el honor y el privilegio de celebrar una Misa de acción de gracias por quienes en la diócesis festejan 50 años de matrimonio.

Fue una ocasión alegre, en la que se reunieron unas 60 parejas de toda la diócesis y, de manera particular, me sentí llamado por el Señor a señalar que la durabilidad y la perseverancia de sus vidas “es una escuela de perdón” de la que todos podemos aprender.

Pude ver el brillo de sus ojos mientras refería que debajo de la alianza matrimonial de cada una de las parejas presente allí hay una montaña de perdón construida durante 50 años de perdón y misericordia, con y a través del Señor.

No es algo pequeño haber construido esa montaña y es un tremendo signo para todo el mundo. De hecho, es una de las ocasiones que más atesoro del año cuando estoy en compañía de aquellos que, con María, han dicho su “fiat” –su hágase– y lo siguen diciendo.

Dan un ejemplo a las parejas de hoy.

El signo de estas parejas es incluso más importante si lo vemos a la luz de las realidades actuales.

Incluso en el feliz día de nuestra celebración por este aniversario, en mi mente estaba la idea sobre la realidad de la expansión del divorcio entre los católicos, hasta el punto en el que tiene también un fuerte impacto en el número de declaraciones de nulidad que son solicitadas constantemente.

Y lo que he estado pensando desde entonces es la profunda raíz que tiene esta mentalidad de la anulación y el divorcio, que debilita la institución del matrimonio en un momento muy desafortunado en la historia de nuestro país.

También me golpeó que a través de la anticoncepción artificial y también de muchas otras formas, las parejas casadas se ven diciéndose a sí mismas: “la Iglesia dice esto, pero Dios querría que yo haga esto… la Iglesia dice esto, ¿pero qué diría Jesús?”

Conectándose a Dios a través de la Iglesia

Esto, por supuesto, presupone erradamente que uno se conecta a Jesús de una forma aparte de la Iglesia. Como el Papa Francisco nos ha repetido constantemente, el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo, es el alma de la Iglesia, y así, no puede haber división entre Cristo y la Iglesia.

La Iglesia es pecadora por sus miembros, pero es divina por su institución. Es imposible separar la Iglesia de Cristo y sin embargo la gente dice con frecuencia: “la Iglesia hace esto o lo otro, pero ¿qué no haría Jesús que la Iglesia hace?”

La idea de un acceso directo a Jesús, aparte de y en contradicción con la Iglesia, desmiente a Jesús asumiendo la carne humana y tomando un cuerpo.

Así como Jesús tomó carne y vino al mundo, asumiendo la naturaleza humana, así también luego de Su resurrección y ascensión, aún desea habitar la tierra de forma corporal, a través de Su Espíritu, que es el alma del Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

No hay divisiones entre Cristo y la Iglesia

No puede haber divisiones entre Cristo y la Iglesia. Son hechos para la unidad y están unidos de tal forma que no se pueden separar el uno de la otra.

Y, de hecho, uno de los signos más poderosos de la unión entre Cristo y Su Novia, la Iglesia, es el Sacramento del Matrimonio. Es un lazo que es sacrificial, que da vida, que es para siempre. No es una comparación de uno a uno, pero el matrimonio es una imagen de ese misterio.

La idea se me dio muy claramente: ¿cómo una pareja elige estar casada, es decir, elige ser un signo de la unión entre Cristo y Su Iglesia, y al mismo tiempo puede insistir en el hecho de que la Iglesia está dividida de Cristo, porque creen que la Iglesia dice y hace cosas que Jesús nunca haría?

Para las parejas que hacen esto, el signo de su alianza matrimonial dice “la Iglesia y Cristo están unidos”, mientras que sus palabras y conducta, de muchas formas, insisten en que Cristo y la Iglesia están divididos. Por eso no sorprende que, cuando la gente de palabra y hecho, proclama la separación entre la Iglesia y Cristo, su capacidad para testimoniar la unidad de Cristo y Su Iglesia a través de su matrimonio se ve severamente debilitada.

La definición del matrimonio está bajo amenaza

Y este auténtico testimonio de la vida matrimonial se ha convertido en una necesidad moral y teológica ya que la misma institución del matrimonio está bajo una fuerte amenaza de redefinición en nuestro país.

Ya la difusión de la mentalidad del divorcio y la anticoncepción han creado un déficit de amor desinteresado y sacrificial en nuestra sociedad y, ahora más que nunca, es importante que los matrimonios católicos sean buenos testimonios.

Si estamos tratando de argumentar que la vida matrimonial significa algo muy particular, ¿cómo puede ese argumento ser convincente, cuando tantos no defienden lo que significa?

Nosotros creemos que el matrimonio está formado por un hombre y una mujer, para siempre y abiertos a los hijos. Y ahora muchos dicen “nadie cree que sea para siempre y los matrimonios ya no están verdaderamente abiertos a los hijos, entonces ¿por qué dicen que debe ser un hombre y una mujer (y por qué solo uno de cada uno)?”

Construido sobre la base del perdón y la misericordia

Los buenos matrimonies, construidos sobre la base del perdón y la misericordia, son la mejor forma de testimoniar la verdad sobre el matrimonio. Y los buenos matrimonios y las familias llenas de amor son el corazón mismo de una sociedad saludable.

Y por ello, por favor queridas parejas católicas casadas, por favor hagan que la unión de sus mentes y corazones en el matrimonio –que es un signo de la unión de Cristo y Su Novia, la Iglesia– sea vivida con integridad, sabiendo que Jesús dice y enseña lo que su Santo Espíritu dice y enseña en la Iglesia. Erradiquemos de nuestras mentes y corazones la pregunta sobre “¿qué haría Jesús separado de la Iglesia?”

Cuando uno hace la pregunta equivocada, inevitablemente se obtiene una respuesta equivocada.

Gracias por leer esto. Sigamos rezando los unos por los otros y especialmente por nuestros jóvenes mientras se acerca el siguiente año escolar. ¡Alabado sea Jesucristo!

 
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