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Gratitud por el tiempo de cosecha y por nuestros granjeros Print E-mail
Artículos en Español
Thursday, Oct. 11, 2012 -- 12:00 AM

Queridos amigos:

Es realmente una alegría experimenta el cambio de estaciones. Es difícil no estar agradecido por la creación en este tiempo de tanto color y en este tiempo de cosecha. Esta época del año debe darnos infinitas semillas para la reflexión y siempre estoy dispuesto a reflexionar a partir de la vida de nuestros granjeros, de modo particular.

Por la naturaleza de ser la “sede” de la diócesis, el centro del gobierno estatal, la ciudad más grande, más o menos el centro geográfico de estos 11 condados, y la sede de una universidad de clase mundial, mucha de nuestra atención en la diócesis se concentra en Madison. Y, de hecho, Madison es todo lo que he mencionado, pero no debemos caer nunca en la trampa de que la diócesis de Madison es mayormente Madison. Hace eso no significaría sólo perder de vista algunos de los aspectos más ricos de la diócesis, ¡sino también nos llevaría a una existencia muy monótona e hiper-política! Y eso es lo más alejado que tengo en la mente y el corazón.

Como tal, y además de salir de la atracción gravitacional de Madison tan frecuentemente como sea posible, también atesoro la oportunidad que he tenido en los últimos años de reunirme de modo específico con algunas de nuestras comunidades de granjeros para rezar y dar gracias por el don de la “vida rural”. Pude hacer eso recientemente en Footville. Y como aún estamos en la época de cosecha, me gustaría compartir algunos pensamientos que compartí con ellos.

La belleza de la tierra

Cantamos un himno de apertura en la Misa que calzó perfectamente con el tema de mi homilía: “Por la belleza de la tierra”. La canción dice “por la belleza de la tierra, por la gloria de los cielos, por el amor que desde nuestro nacimiento, está sobre y alrededor nuestro”. Esas líneas definen el ambiente en el que aquellos llamados a la hermosa vida de la agricultura viven cada día. Y qué hermoso ambiente es ese: la belleza de la tierra, la gloria de los cielos.

Por supuesto, eso no significa que a veces no haya mucha lluvia y que en otros momentos no haya casi lluvia ni que el hermoso trabajo de la agricultura no sea trabajo muy pero muy duro. No. Claramente hay veces en las que el clima es menos que idílico y puede haber algo de duda sobre el hecho de que el duro trabajo de la agricultura afecte los tiempos de nuestros granjeros de forma tal que se generan inconvenientes.

A menudo lo que funciona bien en términos de tiempo para los demás no es para nada conveniente para los granjeros: lo que debe hacerse en una granja necesita ser hecho en un tiempo preciso y hay poco que se pueda hacer para cambiar eso. Pero nuestros granjeros son fieles. Y si el clima no es perfecto ellos aprenden, con los años, como resolver y lidiar con ello. Y, por supuesto, cuando tenemos sequía y calor excesivo – como sucedió este verano – las oraciones y el amor de todos nosotros en esta familia diocesana ciertamente pueden ir para nuestros granjeros de modo muy especial.

Un don de Dios

Pero estamos agradecidos por el don de una tierra Hermosa, el don de toda la creación. Ese don es un don de Dios. No lo poseemos (como si lo hubiéramos creado). Es un don de Dios y es un don que es dado a toda la comunidad humana; toda la creación es un don de Dios a la entera comunidad humana. Pero nos toca a nosotros, que tenemos el don de la razón, usarla para decidir cómo distribuir esa creación, cómo distribuir la tierra y las buenas criaturas de Dios.

Desde el comienzo hemos aprendido que la mejor manera, probada con el tiempo, para la distribución de la hermosa tierra y de toda la creación es de acuerdo al trabajo de cada uno. En otras palabras, aquellos que trabajan merecen conservan aquello por lo que trabajan, como de ellos. Y a largo plazo, eso genera prosperidad y justicia para la vasta mayoría de gente.

El don pertenece a todos, pero la responsabilidad por esta o aquella parcela de la creación le pertenece a quien trabaja la tierra y la nutre y genera el bien de esa tierra para otra gente.

Como comunidad debemos rezar por nuestros granjeros que son capaces de sostenerse a sí mismos, y nuestros granjeros dependen mucho del clima para eso: que es una situación difícil en la cual estar. Pero, aún así, la mejor forma para que ellos prosperen y mantengan su libertad es que trabajen la tierra dada a ellos para el bien de otros: esa es absolutamente la mejor forma. Y es bueno detenerse y pensar cómo nuestros granjeros, especialmente nuestras familias de granjeros, nutren la tierra, el cuidado que le dan, los ajustes que hacen año a año, para tratar de mantenerla afinada con el clima de la mejor forma. Nuestros granjeros están así muy cerca a la creación.

No den por descontados a los granjeros

Siempre hay quienes creen que la carne o la leche o los magníficos vegetales vienen del supermercado y no piensan o piensan poco en todo lo que nuestros granjeros ponen en eso. Cuando la mayoría de la gente ve los productos en la tienda, maduros y producidos para su consumo, el trabajo de las manos de los agricultores en términos de los productos está a un largo camino de aquellas manos que los trabajaron día a día.

Y no debemos dar por descontado el maravilloso y duro trabajo que hacen nuestros granjeros, tampoco que el respeto y la cooperación con los que se comprometen con la belleza de la creación, día a día, que los hace un modelo de lo que se trata el trabajo humano y la libertad humana. Toman lo que es de ellos, lo usan de acuerdo con su libertad para poder sostenerse con sus familias, pero ellos también están preocupados en proveer para otros. Y, de hecho, si no fuera por los otros que estaban allí para consumir los bienes de la granja, los granjeros no los producirían.

Entonces su labor, su trabajo, su trabajo cotidiano los pone en contacto con la creación, con Dios el Creador, y con mucha otra gente que confía en su labor, de modo que puedan ir y comprar su sustento. El trabajo de nuestros granjeros es realmente perfecto en términos de la actitud hacia la creación y el uso de la creación ante la que ellos se generan. Y eso nunca debe ser olvidado por ninguno de nosotros, pero especialmente por ustedes los granjeros afuera.

Sus relaciones están en orden

La labor de granjero en familia ha estado bajo presión por un largo tiempo y sin embargo estas familias tienen un tesoro para el resto del mundo: un tesoro de sabiduría sobre las relaciones entre Dios y ellos, y la creación y los demás. Viven una vida con esas relaciones en orden: Dios, los granjeros, la creación y los demás. En ese sentido, incluso en un año difícil en términos de ingresos, nuestros granjeros aún han alcanzado la cumbre de su vocación, considerando el punto de vista de las relaciones: Dios, ellos mismos, la creación y todos nuestros hermanos y hermanas.

Entonces todos nosotros debemos recordar levantarnos en las mañanas y agradecer a Dios por el hermoso don de las relaciones en las que nos levantamos cada mañana: y esto se aplica especialmente a nuestros granjeros. Puede haber tiempos difíciles, buenos tiempos, pero nunca hay un tiempo adecuado para dar gracias: si no fuera por lo que nuestros agricultores han ganado (porque a veces las cosas están apretadas) por lo que ellos mismos son y el hermoso conjunto de relaciones que es su regalo cada día y un modelo para el mundo. Es un regalo que nunca la mayoría de la gente tendrá la oportunidad de experimentar al mismo nivel de intensidad.

Entonces, demos gracias a Dios, desde el corazón, por todos nuestros agricultores y mirémoslos como un modelo de las relaciones adecuadas. Y a todos los agricultores, nunca olviden el don que han recibido de Dios: un don que requiere que muchos de ustedes lo vivan, pero que sigue siendo un don. Le damos gracias a Dios por ustedes, por su labor, su paciencia y lo que harán: mientras avanzamos hacia un futuro desafiante.

Gracias por darse el tiempo para leer esto. ¡Que Dios los bendiga a cada uno! ¡Alabado sea Jesucristo!

 
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