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El triunfo de la Cruz y nuestra salvación Print E-mail
Artículos en Español
Thursday, Sep. 20, 2012 -- 12:00 AM
Esta columna es la comunicación del Obispo con los fieles de la diócesis de Madison. Cualquier divulgación más amplia va más allá de la intención del Obispo.

Queridos amigos:

La semana pasada celebramos la Fiesta de la Exaltación de la Cruz. No hay escasez de cruces en nuestras vidas, y rezamos por los otros y nos ayudamos unos a otros al encontrarnos con esas cruces. Es a través de esas cruces, que algunos de ustedes experimentan ahora mismo, que podemos llegar a la victoria de la Resurrección. Entonces comprométanse en la lucha de abrazar su cruz y no olvidar que el triunfo viene con nuestro seguimiento del Señor.

En la fiesta de la Exaltación de la Cruz, tuve la oportunidad de bendecir un nuevo Via Crucis que ha sido creado en el sitio de nuestra futura catedral. Y mientras esperamos el gran día de la dedicación de nuestra nueva catedral, algunas personas generosas se han adelantado y han creado un jardín para la oración, con bellas plantas y un camino de adoquines que marcan el penoso camino del sufrimiento y la muerte de nuestro Señor. Hemos tenido un bello clima para la bendición en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz y un hermoso encuentro de gente para rezar juntos. Las estaciones, que han bellamente colocadas, han sido bendecidas y están allí para nuestra oración, y algún día habrá una hermosa catedral allí.

Es necesario que tengamos una catedral y ese día llegará. Nuestra demora tiene mucho que ver con nuestra economía, pero no puede haber una diócesis sin catedral. El Via Crucis es un signo hermoso de que el camino que nos llevará a una nueva catedral es el mismo camino que recorremos para llegar a toda cosa buena, el camino hacia toda experiencia de resurrección, es decir, el camino de la cruz.

La fiesta de la Santa Cruz es tan importante para nosotros porque la cruz es el signo de nuestra salvación, el signo de la victoria de Cristo. Como uno de nuestros jóvenes sacerdotes dijo en Misa el día de la fiesta, hay muchos signos en nuestro mundo alrededor de los cuales la gente se congrega: los Badgers tienen su gran “W” en rojo y blanco, y los Packers tienen su “G”, subrayada con dorado y verde. Ambas son formas fácilmente identificables de una “cultura” que las rodea.

Como cristianos, tenemos nuestra cruz y ¡ese es nuestro signo de victoria! La tenemos particularmente bien para recordar en este tiempo de la historia de nuestro país, cuando la libertad religiosa está bajo atraque y las cruces y los crucifijos se están sacando de tantos lugares. La cruz es nuestro signo de triunfo, ¡del triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte! Cuando las cruces y los crucifijos son eliminados, el signo de nuestra victoria es suprimido, por el bien de la corrección política (¡San Juan Bautista, Patrono de lo Políticamente Incorrecto, ruega por nosotros!) Se nos dice que no tenemos derecho a expresar nuestro triunfo en público, porque no debe ser verdad y tiene que ser simplemente nuestra convicción sectaria. Este es un tiempo en el que tenemos que defender nuestra libertad religiosa, porque al defenderla DEFENDEMOS la cruz. Tenemos que hacer todas esas conexiones.

¿Estamos dispuestos a permitir que se nos quite la cruz como símbolo? ¿Vamos a mirar cómo esconden la cruz? Un signo de salvación, un signo de victoria no es tan poderoso cuando está escondido. Pero es necesario que la cruz sea escondida para avanzar con el secularismo impuesto por el estado y parece que ese secularismo estatal es precisamente el credo de aquellos que quieren imponer incluso la sola mención de Dios. Entonces, estamos en guerra bajo el estandarte de la cruz: no una guerra de violencia como vemos en Medio Oriente, sino una guerra que se pelea mediante la acción política y una fuerte participación en el proceso democrático.

Hay muchas, muchas guerras en el mundo que son lamentables y rezamos por las víctimas de esas guerras. Sin embargo, esta guerra que peleamos, bajo el estandarte de la cruz, no es lamentable. ¡es necesaria! “Oh necesario fue el pecado de Adán que nos obtuvo tan grande Redentor”. Es una guerra por nuestro derecho a proclamar al mundo y a nuestros hermanos el mensaje de redención que Cristo nos ha urgido a proclamar. Entonces no nos amedrentemos, sino que seamos valientes y fuertes soldados bajo el estandarte de la Cruz de Jesucristo, especialmente durante este tiempo electoral.

Gracias por leer esto. ¡Que Dios los bendiga! ¡Alabado sea Jesucristo!

 
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